EL PRIMER PASO NO TE LLEVA ADONDE QUIERES IR, PERO TE SACA DE DONDE ESTÁS.

Si bien el sentido de la solidaridad se dispara ante una tragedia y sabemos que podemos ayudar, no es menos cierto que el querer es muy distinto al hacer. Esta confusión de conceptos provoca enfrentamientos entre las personas que, con la mayor buena voluntad, llegan a las edificaciones colapsadas a poner su granito de arena.

Y es que para ser rescatista hay que estudiar, practicar, simular y aprender. El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) ofrece el programa Técnico en Atención en Incendios, Rescates y Otras Emergencias, con una formación presencial de 2.208 horas en las que hay simulacros, salidas de campo y participaciones activas.

Para ser ‘Pato’ basta tener el corazón blando y no ser ajeno a las tragedias, pero lo que no saben es que al momento de un siniestro se va a enfrentar a peligros y situaciones desconocidas para ellos, mas no para los ‘Rescatistas’.

Al entrar en una montaña de escombros hay que saber dónde y cómo pisar para no ocasionar derrumbamientos, esquivar vidrios, puntillas, latas con filo, ladrillos, varillas, cables electrificados, inundaciones, oscuridad, nubes de polvo, olores, posibles explosiones por fugas de gas o por la gasolina de vehículos impactados, intoxicación por metano, entre otros.

El ‘Rescatista’ debe ser mayor de edad, tener buena fuerza física y mental, resistencia, dedicación, buena orientación, saber hacer pausas, guardar silencio, afinar los sentidos, detectar el peligro y retroceder a tiempo de manera coordinada y efectiva, entrenar con equipos de protección personal (EPP), manejar herramientas de rescate y practicar técnicas de extinción de incendios en entornos controlados, aplicar técnicas de búsqueda, estabilización y extracción de víctimas, cumpliendo los protocolos nacionales e internacionales para la gestión de emergencias.

Al ‘Rescatista’ se le entrena en la aplicación de la normativa de seguridad para proteger tanto su integridad como la de las víctimas y su entorno, mantener una comunicación clara y precisa, dar órdenes concretas, interactuar con otras agencias y con el público de manera asertiva y tranquilizadora.

Muy posiblemente el ‘Pato’ desconoce muchos de estos aspectos, de allí que se incomode cuando le impidan el ingreso, le soliciten desalojar el predio o lo envíen a labores logísticas como entrega de insumos, hidratación, mensajería y similares, porque eso es para los ‘Voluntarios’ y él lo que quiere es acción en terreno.

No es consciente de que esas pequeñas cosas son grandes obras en ese momento y que se están preocupando por preservar su vida, pues en su mente solo está retirar ladrillos, sacar sobrevivientes y entregarlos a sus familiares, como lo ha visto en películas.

El ‘Voluntario’ es esa fuerza callada que lleva, trae, informa, se mantiene al margen y está pendiente del más mínimo detalle para hacerlo conocer a los coordinadores, va de carpa en carpa llevando alimentos, agua, tapabocas, salta del Puesto de Mando Unificado (PMU), al punto de hidratación y de allí a la carpa de primeros auxilios.

A los tres les sobra voluntad y hasta pueden ser indispensables. La diferencia radica en que el ‘Pato’ en su terquedad, estorba. El ‘Voluntario’ es el enlace articulador que hace que la logística funcione y el ‘Rescatista’ es el que se juega su vida por preservar la de otros.

Y hay una categoría que no se sabe dónde cuadra ni cómo se nombra: la de los ‘Periodistas’. Lo difícil es que cualquiera con un celular en la mano, ya es ‘Periodista’ y esos son los influencers, los que buscan la selfie, los que inundan las redes, los que hacen los memes, los que se meten debajo de la losa para hacer un en vivo y en directo y los que amenazan a los coordinadores con voletiarlos en las redes porque les están coartando su derecho a la información.

Unos dirían que son ‘Patos’ al cuadrado. Otros, les dirían ‘Calandracos’. Se les reconoce porque portan chalecos reflectivos con letras enormes que dicen: PRENSA y eso se lee a cuadras. Portan audífonos, antenas, trípodes, luces, baterías, micrófonos y para rematar, en el pecho se cuelgan un carné igual de grande a las letras del chaleco, que más que una identificación, parece que se hubieran puesto una lápida.

Esos personajes abundan y son los que le dañan la imagen a los verdaderos ‘Periodistas’, los que pertenecen a empresas organizadas y reconocidas en el medio, sean independientes o no, los que trabajan con ética, acatan las órdenes y se acogen a los canales oficiales.

Lo triste es que la comunidad, los funcionarios y los que están trabajando en terreno no saben diferenciar unos de otros y los atienden igual para evitar que su honra, buen nombre y reputación no vayan a quedar por el suelo porque impidió que un ‘Periodista’ cumpliera con el sagrado deber de informar.

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