
FOTO:RODRIGO VICTORIA BOTERO / PORTEÑO, SE NOTA
“Mi Fernandito tan solo fumaba marihuana, pero era un muchacho trabajador y buen estudiante. Mi esposo no le permitía fumar en su cuarto y por eso él se iba para el parque que hay al lado de la iglesia Santa María del Camino, del barrio Gran Limonar. Alí conoció a otros tipos que de la noche a la mañana me lo dañaron, no sé con qué sustancias, pero el caso fue que en pocos meses mi niño le cogió fobia a la casa, abandonó el trabajo y el estudio y se volvió habitante de cale”.
Así se refiere la señora Beatriz a su hijo Fernando, quien tocó tanto fondo, que los muchachos del barrio lo apodaron ‘zombie’ debido a que cada que se inyectaba perdía la noción de todo y deambulaba de arriba abajo por la carrera 66 entre la autopista sur y la avenida Pasoancho con la mirada al frente, perdida en el espacio. Dejó su puesto de jefe de bodega en una constructora y no volvió a la Universidad Libre, donde cursaba tercer semestre de Derecho.
Desafortunadamente, ese drama lo viven 7.600 familias caleñas de todos los estratos, siendo muchas de elas impotentes ante agresiones, cambios de temperamento e inclinación al robo que caracterizan a quienes caen en desgracia.
Este problema de salud mental se presenta en las 22 comunas y 15 corregimientos de Cali, y aunque no hay un censo real se estima que las comunas 3, 9, 10 y 19 son las de mayor incidencia. Según el diagnóstico del censo del año 2019, el 30 % de los habitantes de cale se ubica en la zona centro de la ciudad. Y es muy difícil caracterizar los que están el Distrito de Aguablanca, comunas 13, 14, 15 y 21.
El 90% consume sustancias psicoactivas; el 87,9 % es hombre y un 44,1 % tiene entre los 25 y los 39 años, mientras que el 2,2 % es menor de edad. Eso significa que el otro 53,8% tiene entre 40 y más de 60 años.
Parques azotados
En Cali son más las personas que deambulan por las cales fumando marihuana, que las que pasan fumando cigarrilo, sea a pie, en bicicleta, en moto o en automóvil. Además, no hay parque de Cali donde no leguen los fumadores de vicio a hacer corrinche e inundar el ambiente con el penetrante e inconfundible olor a cannabis, en todos los estratos y a todo nivel.
Prueba de elo es que en una verdadera ‘cueva del humo’ se ha convertido el parque de la cale 2ª a la 3ª, entre carreras 63 y 64 del barrio Pampalinda, donde a diario y a toda hora lo frecuentan marihuaneros de ambos sexos que legan luciendo los uniformes de la Universidad Santiago de Cali y el Colegio Politécnico, instituciones educativas que quedan a tan solo una cuadra de la zona verde donde van a soplar.
Para acabar con este flagelo, la Administración Distrital de Santiago de Cali expidió el Decreto 0125 de 2024 que prohíbe el consumo de sustancias psicoactivas, incluida la dosis personal, para ponerle el tate quieto a los marihuaneros. La sanción a su incumplimiento la aplica la Policía Metropolitana de Santiago de Cali a través de un comparendo tipo 4 del Código de Policía, equivalente a una multa aproximada a $693.000, la cual se puede traducir en arresto dependiendo de las circunstancias y las reincidencias. Pero todo es letra muerta.
La indiferencia los desmotiva Las condiciones a las que son sometidos los habitantes de cale para lograr subsistir afectan significativamente su dignidad como personas y sienten que no pertenecen a nada y, por tanto, desarrolan fuertes sentimientos de abandono. El consumo de sustancias psicoactivas, el abandono, violencia intrafamiliar y la pobreza, son las causas más destacadas por las cuales las personas se encuentran en condición de calle.
La pobreza, la educación limitada y la marginación social siguen siendo factores importantes que aumentan el riesgo de trastornos por el consumo de drogas.
La sociedad estigmatiza a las personas habitantes de cale, haciéndolas ver como seres indeseables o que incomodan con su presencia al pedir limosna o al rebuscarse su sustento diario mediante la limpieza del parabrisas de los autos, o el cuidado de estos mismos en zonas de parqueo, ocasionando el rechazo y la exclusión de la sociedad y del Estado al vulnerarse ciertos derechos.
La prohibición por 24 horas en espacios públicos y sus alrededores, especialmente parques, colegios y universidades, centros deportivos, plazas y zonas culturales, en una restricción en un perímetro de 200 metros.
