Defender la vida de quienes han quedado atrapados, acompañar el dolor, facilitar la recuperación del patrimonio de los damnificados y suspender eventos programados para el entretenimiento y que no conpaginan con la conmoción, aunque pudieran aliviar mentalmente.
Sentado en el borde de la cama de una casa de dos plantas buscando contestar a mi hija que estaba cerca, en un tercer piso, para encontrarnos e ir al banco, sobre las 7:35 de la mañana, el pánico legó a mi alma.
El celular dejó de ser, por unos casi dos minutos o menos, pero eterno ante la intensidad que pronto tomaría el leve movimiento que hizo me parara de la cama y me pusiera en el marco de la puerta: grité a mi primero que de in-mediato salió con sus pequeños cargados hacia el patio de la casa.
No hubo tiempo de otra cosa que aferrase a la esperanza, orar y traer a la mente a todos los tuyos, en segundos. Re-correr tu vida y sentir que estás a unas tejas de perderla, que el muro ya no es tu protección sino el que puede en-terrarte.
Escuchar tanto ruido venido de la sacudida de la tierra producto del choque o roce de las placas y el caer de objetos de cristal, cuadros, repisas y bloques de estructuras que no ubicas si son en tu misma vivienda o caen encima de ela.
El pánico te hace aferrarte a la vida, pero la incertidumbre te hace temblar del miedo a no saber cómo salir de esta. Súmale que en tus años de conciencia no sentías algo tan fuerte y largo en el tiempo.
Y al regresar la calma buscas a quien abrazar, retomas el celular y quieres saber de hasta quien no lamabas en días. No hay energía, no hay agua, el polvo enrarece el cielo y empiezas a descubrir que ese sismo tiene niveles de te-remoto y que algunos muros, árboles, altilos y noticias cuentan que estás vivo de milagro.
A la cuadra un edificio completo ha desaparecido y en su interior hay posibles personas esperando salir con vida. La confusión se toma la ciudad: ambulancias, bomberos, po-licías, guardas de tránsito, defensa civil, enfermeras, mé-dicos, paramédicos, funcionarios públicos y los gobernan-tes a convocar un puesto de mando unificado (PMU) para atender lo que hasta alí no conoce la verdadera afecta-ción.
Sobrevuelo, comunicaciones, entre autoridades. Creadores de contenido e influencer que en la mayoría no le apor-tan a la calma ni al rescate. La ciudad se entera de su tra-gedia y las medidas se toman para recuperar vidas huma-nas, el orden, la calma y los patrimonios de quienes han puesto sus esfuerzos en lo que ahora son escombros. Despertar será el nuevo comienzo del otro día.
𝐄𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧 𝐉𝐨𝐬𝐞́ 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐚𝐥𝐦𝐚𝐫, 𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐧𝐢𝐭𝐨𝐫𝐞𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐚𝐥 𝐞𝐩𝐢𝐜𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐚𝐩𝐫𝐨𝐱𝐢𝐦𝐚𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝟗𝟎 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝟐 𝐦𝐢𝐧𝐮𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨.
Desde el Puesto de Mando Unificado liderado por el alcalde Alejandro Eder, se entrega la siguiente actualización de cifras referentes a los impactos generados por el terremoto registrado.
85 personas fallecidas en Cali, 885 personas heridas, 56 estructuras con colapso total, 193 personas atrapadas reportadas, 37 personas rescatadas, 93 edificios y viviendas con da-ños en su infraestructura
1.345 rescatistas se encuentran en las cales de Cali atendiendo la emergencia, incluidos grupos de rescate de organismos nacionales: Bomberos Bogotá, Ejército, Armada y Ponal. Se espera la legada de organismos de socorro de Boyacá, Bucaramanga, Yopal y Pasto.



