“Eres fuerte. Estoy contigo y vamos a salir juntas .”: primeras palabras de aliento
Heles Parias, luego de confirmar que su apartamento y familia estuviera bien, miró a su ciudad Medellín y se enfiló, sin pensar dos veces, a un grupo de cinco amigos más para salir desde el martes, un día después del sismo de 7,4 grados, hacia Pereira, Cali y donde necesiten su voz de aliento las víctimas rescatadas, los damnificados, los rescatistas y quienes requirieran y acepten su apoyo.
Apenas si ha pasado la línea de los 25 y aún le falta un tanto para pasar los 30.
Con su mirada fija, tierna y segura de que al hablar la persona que está al frente siente confianza y un estímulo para no desfallecer en su nuevo proyecto de vida, Heles ha sido un apoyo vital.
Los estragos de una catástofe no solo afectan a quienes sufren las heridas, sino también a sus familias, a quienes los atienden, a quienes controlan o coordinan, a los que comunican y a quienes son receptores de la información.

“Si es una víctima que quedó atrapada y sale con vida se atiende, a la par o después de lo médico, con los primeros auxilios sicológicos, pues obviamente hay una crisis emocional que puede ser manifiesta o en aparente calma.
“Es fundamental que el equipo de sea interdisciplinario. Donde cada cual es importante en función de lograr la estabilidad de la persona que se convierte en paciente y que su alteración emocional puede afectar la misma atención médica que requiere”, explica Heles Parias, una joven psicóloga que con lo poco que consiguieron para viajar y mantenerse, no dudó en ser voluntaria las 24/7 y ya lleva cinco días en Cali.
Agrega, con calma y certeza que “lo ideal es que todas las personas que sean víctimas o que están siendo rescatadas pasen por la atención psicológica, porque es ”un evento que tú no tenías previsto es algo que tú no sabes cómo controlar, porque no nos imaginamos que nos iba a pasar y lo que puede generar miles de emociones, miles de sensaciones y sentimientos encontrados, como por ejemplo, ‘estaba con mi hijo. Me sacan a mí, pero no veo mi hijo’”.
El primer momento es netamente de confianza para ofrecer tranquilidad: “Estoy para ayudarte. No voy a hacerte daño”. Y es que a través de esa confianza se puede mitigar la crisis emocional.
LOS PRIMEROS PASOS
Se observa si la persona está en peligro inminente de hacerse daño a sí misma o a otros, o si se encuentra en un estado de desorientación severo.
Alejar objetos potencialmente peligrosos y trasladar a la persona a un espacio tranquilo, privado y libre de estímulos abrumadores (ruidos fuertes, multitud .).
Con el consentimiento de la persona, localizar a un familiar o persona de confianza que pueda acompañarle.
Hablar con un tono de voz bajo, pausado y sereno. Mantener una postura corporal abierta y respetuosa, y usar frases como “en este momento, estoy aquí contigo”.
Ayudar a reconectarse con el presente. Hay varios ejercicios que aplican.
Permanecer a su lado hasta que el personal capacitado o un familiar de contención tome el control de la situación.
Si el nivel de crisis sobrepasa la capacidad de contención o hay riesgo vital, comunica de inmediato con los servicios de urgencia o líneas telefónicas de salud mental.

