
PRESIDENTE COLEGIO MÉDICO COLOMBIANO SECCIONAL VALLE.
Hablar de la crisis de la salud, es hablar también de la crisis laboral de los trabajadores de la salud, en especial de la crisis laboral del gremio médico.
El ejercicio de la profesión médica, que fue una profesión liberal y el médico fue un profesional con dignidad y respetado por toda una sociedad que entendía el costo formativo económico, emocional, familiar y social para lograr ese estatus, pasó hace años a ser un obrero de la salud altamente calificado, pésimamente mal remunerado y prácticamente ha sido esclavizado, con multiempleos, salarios indignos y pagos inoportunos.
Hoy en día estamos contratados por órdenes de prestación de servicio, y se nos paga entre 90 a 360 días cuando pagan. Otro tipo de contratación son los falsos sindicatos, que lo único que hacen es explotarnos sin garantías; cuando la ley de ética médica y la ley estatutaria en Salud establecen que el trabajo de los médicos y profesionales de la salud debe ser digno y estable.
La ley 23 de 1981, que es la ley de ética médica, en su artículo primero, numeral siete, establece que el trabajo o servicio médico sólo beneficiará al médico y a quien lo reciba; prohibiendo la explotación comercial o política por terceros.
La ley estatutaria en Salud 1751 del 2015, en su artículo 18, dice que el respeto a la dignidad de los profesionales y trabajadores de la salud y, en general, al Talento Humano en Salud, estarán amparados con condiciones laborales justas y dignas, con estabilidad y facilidades para incrementar sus conocimientos de acuerdo a las necesidades institucionales.
Sin embargo, hoy en día absolutamente todos los médicos hemos sido explotados comercial o políticamente, teniendo en cuenta que los médicos en realidad somos personal misional, porque somos necesarios para ejecutar el objetivo social de servicio de salud de las clínicas, hospitales o EPS.
Los médicos somos los responsables legales de la salud y la vida de los colombianos y hemos sido injustamente golpeados laboral y económicamente en el ejercicio de nuestra profesión.
Esos mismos médicos que lo arriesgaron todo durante la pandemia para lograr sacar adelante la salud y la vida de los colombianos y que fueron considerados héroes, ahora estamos totalmente olvidados nuevamente.
Con estas contrataciones nos vemos obligados a tener múltiples empleos, sacrificando nuestra calidad de vida y la de nuestras familias, ya que entre otras cosas nunca se respeta una fecha para los pagos ni tenemos días de descanso.
Debido a estas contrataciones nuestros salarios son paupérrimos, sin incremento anual y en ocasiones incluso disminuyendo el valor hora de nuestro trabajo.
Con este tipo de contratación los médicos hemos perdido billones, principalmente cuando se han cerrado diferentes EPS, IPS o simplemente servicios como los de pediatría o de obstetricia, pues no existe un responsable para pagar lo adeudado por la vinculación de trabajo que se tenía.
Paradójicamente, los mayores culpables somos nosotros por haberlo permitido, debido a nuestros egos y a la falta de unidad del gremio, ya que no valoramos el esfuerzo, la inversión económica y el tiempo de preparación, además del sacrificio familiar que ha implicado llegar a culminar la carrera, un posgrado y una subespecialización. Hemos visto cómo se cierran servicios, como los de obstetricia, neonatología y pediatría, entre otros.
Y con ello han venido a congestionar los servicios que estoicamente han permanecido abiertos con sobreocupación, poniendo en riesgo la calidad y la seguridad en la atención de los pacientes.
Asimismo, se ha puesto en riesgo a los pacientes oncológicos, crónicos, trasplantados y de enfermedades huérfanas, al no tener un tratamiento adecuado y continuo a sus patologías, aumentando con ello su morbimortalidad.
Vemos cómo día a día, las diferentes instituciones de salud, clínicas y hospitales, se encuentran al borde del cierre por la gran crisis financiera que atraviesan; ante la falta de pago por parte de las diferentes EPS.
En donde la mayor deuda es debida a dichas EPS que se encuentran intervenidas por el gobierno.
Definitivamente, el sistema de salud colombiano necesita a gritos una reforma estructural para mejorar la atención de los pacientes, las condiciones de las clínicas y hospitales y, asimismo, poder tener un pago digno, justo y oportuno para absolutamente todos los trabajadores de la salud.
