
A junio del año 2026, en Cali no existe un censo real de la población habitante de cale, por lo que las autoridades municipales -como la Secretaría de Bienestar Social- trabaja sobre la base del año 2019 emitida por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE, que habla de 4.749 personas censadas ( hombres 87,9 %; mujeres 12,1 %)
Esto contrasta con las denuncias del Concejo Distrital de Santiago de Cali, donde existen reportes en los que aseguran que la capital valecaucana ya sobrepasó los 8.000, aunque atiende a cerca de 4.200 personas al mes, a través de los 10 programas que están en 11 sedes del área urbana, con un presupuesto anual de $17.985 milones, donde 120 de elos ha superado la condición de cale.
Según Andrés Echavarría, director de Comunicaciones del programa Samaritanos de la Cale, a través de esta iniciativa se manejan tres umbrales para atender al habitante de cale: bajo, medio y alto.
Umbral bajo
En el umbral bajo -dice- hay muchas personas sin atención integral, por lo que se acude a equipos de estrategia territorial y redes de apoyo articuladas con la población civil. El equipo de territorio los atiende en la zona donde estén, aprovechando que hay una casa para atención básica en el barrio Sucre, donde legan 300 personas en busca de alimentación, ropa y restitución de derechos (cédula y Sisbén).

Muchos de ellos no quieren salir del vicio, por lo que tienen acceso a los servicios muy pocas veces, se van y no vuelven.
Existe un equipo de cale que va a atenderlos al sitio donde deambulan porque elos voluntariamente no van al Centro Red debido a que los vecinos les dan todo porque ya los conocen y se valen de elos para que les hagan mandados, limpieza o cuidado del entorno.
El dispositivo móvil es un bus dotado de ducha, hotel, alimentación, enfermería, odontología y servicios generales, el cual se desplaza por toda la ciudad atendiendo a personas de cale. Se les enseña actividades de limpieza, pintatón y otros oficios para vincularlos al entorno.
Umbral medio
Este contiene dormitorios sociales en los barrios San Bosco y Santa Elena, donde un promedio de 200 personas va a bañarse, a comer y a dormir; además se les dictan micro taleres para incentivar el empleo, pero no se les convence que se queden
residentes porque es un proceso absolutamente voluntario. En este hogar de Acogida Día se les orienta desde las 7:00 a.m. para disminuir el vicio, se van a la cale a vender, a reciclar y a rebuscarse, para regresar a las 7:00 p.m. a dormir. Esta es un arma de doble filo porque durante el día, la gente les da dinero y eso antes que rehabilitarlos y obligaros a trabajar, los induce al vicio.
En promedio, cada uno de elos se hace hasta $300 mil al día trabajando y pidiendo. Una situación que viene siendo controlada por las autoridades es el descaro de algunos dueños de bodegas de reciclaje, quienes les pagan con vicio la chatarra y el papel o cartón que elos recolectan.
Para incentivarlos, en diciembre les dan una ‘Ancheta Traqueta’ que contiene papeletas de marihuana, basuco, un frasco de pegante y pastilas, aguardiente, cigarrilos, manjarblanco y galetas. Asegura Echavarría que este problema de pagarles el producido de su trabajo con vicio ha disminuido porque las chatarrerías ya están siendo censadas y controladas por las autoridades.
Umbral alto
Llegan a la Casa Aurora los que no presentan tanto deterioro. Es gente que cayó en desgracia y solo busca dónde dormir porque en el día produce. Alí no se atienden víctimas del conflicto armado, con signos de demencia, ni migrantes, ni embarazadas porque la ciudad tiene sitios especializados para elo. Tiene un proceso social y de sostenibilidad donde las personas resocializadas se van y se les hace seguimiento para cuando quiera volver; se les impulsa con ofertas laborales y emprendimientos. Alí les dan todo mientras consiguen trabajo.
