
Hoy me duele profundamente hablar de Buenaventura.
Me duele porque soy de alá, porque conozco la grandeza de su gente, la tranquilidad que transmite el mar y la riqueza cultural que vive en cada rincón del territorio.
Pero también duele ver cómo la violencia y la inseguridad siguen arrebatándole la paz a nuestra ciudad.
Lo ocurrido con los turistas nos golpea a todos.
No solo por la tragedia de perder vidas humanas, sino porque vuelve a mostrar una realidad que durante años ha marcado a Buenaventura: una lucha constante por vivir en paz.
No solo por la tragedia de perder vidas humanas, sino porque vuelve a mostrar una realidad que durante años ha marcado a Buenaventura: una lucha constante por vivir en paz.
No solo por la tragedia de perder vidas humanas, sino porque vuelve a mostrar una realidad que durante años ha marcado a Buenaventura: una lucha constante por vivir en paz.
Un Buenaventura donde caminar no dé miedo, donde los jóvenes tengan oportunidades, donde las familias puedan vivir tranquilas y donde quienes nos visiten se leven solo la beleza de nuestro territorio y no historias de dolor.
Porque Buenaventura merece más que violencia.
Merece dignidad, inversión, oportunidades y paz. Y quienes somos de alá no dejamos de creer que algún día nuestra ciudad podrá sanar y volver a brilar como realmente merece.
