EL PRIMER PASO NO TE LLEVA ADONDE QUIERES IR, PERO TE SACA DE DONDE ESTÁS.

Por donde camines en Buenaventura hay una sonrisa de perlas blancas que enamora.

Pero hay unos ojos que no brillan como su naturaleza invita. Reflejan un dolor en sus necesidades no satisfechas, en la tristeza de un ser querido perdido en el ancho mar, en la selva espesa o en el destierro.

A los lejos se ve un pueblo que tiene naturalmente con que brindar alegría a quien se ancle en sus orillas. Pero, sin llegar a ser un pueblo triste la bondad de su gente debería inspirar a que hasta sus mismos hijos le sirvieran.

Y eso es doblemente triste.

Se visten de gala, pasan sus noches en hoteles con aire acondicionado, con agua potable que toman de sus llaves y las 24 horas, se compran sus platos lejos de la ancestrallidad o se toman sus tragos sin el delicioso viche.

En campaña se untan. En el cargo se echan alcohol después de saludar. Piden juntanza y en el edificio aquel se rodean de aquellos.

Ellos creen que no se nota, que nadie se entera y que con ese saludo cuando pasas cerca se alivia su traición al territorio.

Es que ni siquiera se peinan. Hasta ‘mentan’ a Dios y se persignan, pero cuando llueve que no se inunda, o hace tanto calor que se evapora el agua, se parchan en el club o en el hotel aquel.

Sí, ellos van por la plata, pelean con el que la tiene, buscan un proyecto y un padrino a la vez. Cuando está listo y no hay entendedera porcentual, las facultades se pierden y el papel aquel se hace falso.

Ah pero bendito sea, que si no es ahora, yo regreso.

No me voy, porque ya es una manera de vivir solo con la lengua, sin mover una pala.

La mafia sabe dónde se consigue, cómo se paga y cómo muere un plan. Quien le sirve solo no sabe responder porque no es su idea sino que solo se hizo para servir, pero no a su conciudadano, ni siquiera a su vecino que se gana otro escándalo en su cuadra.

En este nudo de cables podría resumirse cómo es la comunicación entre las entidades y los humanos que deben velar porque las ‘famosas’ brechas en ‘Tura’ se venzan, no en el tiempo, sino en las oportunidades.

Autor