
SALUD MENTAL
En los últimos días, el término therians ha comenzado a circular con fuerza en redes sociales, despertando curiosidad, desconcierto y múltiples interpretaciones. Aunque para muchos parece un fenómeno reciente, en realidad se trata de una forma de identidad que ha existido durante décadas en comunidades específicas, y que hoy encuentra mayor visibilidad en entornos digitales.
Desde la psicología, más que apresurarse a juzgar o validar resulta pertinente comprender qué puede estar ocurriendo en la experiencia interna de quienes se identifican de esta manera.
Un therian es una persona que experimenta una identificación profunda —emocional, simbólica o subjetiva— con un animal no humano. No se trata de una creencia física o biológica, sino de una vivencia interna que puede involucrar rasgos de personalidad, formas de percibir el mundo o conexiones instintivas.
Identidad en construcción: una clave central
La identidad no es un elemento fijo; es un proceso dinámico que se construye a lo largo de la vida. En contextos actuales, donde las categorías tradicionales (género, roles sociales, pertenencia) se flexibilizan, emergen nuevas formas de autoidentificación que buscan responder a una pregunta esencial: ¿quién soy?
En este sentido, la identificación con un animal puede funcionar como un lenguaje simbólico. Los animales representan cualidades claras y arquetípicas: independencia, fuerza, lealtad, agilidad, intuición. Para algunas personas, estas figuras ofrecen una vía más clara y menos ambigua de definirse que las categorías humanas, que suelen ser más complejas y contradictorias.
La sensibilidad de la experiencia emocional
Diversos reportes dentro de estas comunidades coinciden en ciertos rasgos compartidos: alta sensibilidad emocional, sensación de diferencia desde etapas tempranas y una conexión significativa con la naturaleza o el mundo animal.
Desde una perspectiva clínica, esto puede relacionarse con:
- Procesos intensos de autoobservación.
- Necesidad de coherencia interna.
- Búsqueda de pertenencia o identidad definida.
En algunos casos, también puede estar vinculado a experiencias de desconexión social o emocional, donde la identidad simbólica cumple una función organizadora del yo.
Internet como amplificador
Si bien la vivencia no es nueva, su visibilidad sí lo es. Las redes sociales han permitido que experiencias individuales, antes aisladas, encuentren comunidad, lenguaje y validación colectiva. Este fenómeno no solo visibiliza, sino que también puede influir en la forma en que las personas interpretan y nombran sus propias experiencias internas.
Cuando un concepto aparece, se difunde y se normaliza, muchas personas pueden reconocerse en él. No necesariamente porque antes no existiera la vivencia, sino porque ahora tiene nombre.
¿Expresión simbólica o señal de alerta?
Desde la psicología, es importante diferenciar: cuando se trata de una identificación simbólica, consciente y funcional, que no interfiere con la vida cotidiana, puede entenderse como una forma particular de construcción de identidad.
Cuando implica desconexión con la realidad, sufrimiento significativo o deterioro en la vida diaria, podría ser indicio de procesos más profundos que requieren acompañamiento profesional.
El criterio no es la identidad en sí misma, sino su impacto en el bienestar y la funcionalidad de la persona.
Una lectura sin extremos
El fenómeno therian no necesita ser ridiculizado ni idealizado. Como muchas expresiones contemporáneas de identidad, puede leerse como un reflejo de una época donde las personas buscan formas más auténticas —y a veces no convencionales— de comprenderse.
Más que una tendencia aislada, puede ser una ventana para observar preguntas más amplias sobre identidad, pertenencia y sentido en el mundo actual. Comprender no implica necesariamente estar de acuerdo, pero sí permite mirar con mayor profundidad aquello que, a primera vista, puede resultar desconcertante. Y en psicología, entender siempre será más útil que reaccionar.
