EL PRIMER PASO NO TE LLEVA ADONDE QUIERES IR, PERO TE SACA DE DONDE ESTÁS.

Siento nostalgia de aquellos años 70 y 80 en los que cineastas y documentalistas caleños no dejaban escapar detalle alguno para llevar su historia al celuloide, rodarla en los teatros San Fernando, El Cid, Calima, los Cinemas, Bolívar, Ayacucho, Alameda, Aristi y otros más que sucumbieron ante el auge de los Betamax, DVD, el celular y los grandes escenarios construidos en los centros comerciales, donde el papel protagónico no lo tiene la película sino las crispetas, los combos de perros y hamburguesas y las papitas, que cuestan el triple de la boleta.

Otro escenario era la programadora de la Universidad del Valle, en la que el programa Rostros y Rastros era un imperdible. En la moda del cine, hablar de Andrés Caicedo, Luis Ospina, Carlos Mayolo, Jorge Navas, Óscar Campo —por solo nombrar algunos— era como hablar hoy, en la moda de la salsa, de Jairo Varela, Willy García o Alexis Lozano.

Creaciones como Agarrando Pueblo, Carne de tu Carne, Pura Sangre, Oiga, vea, Cali: Cali: Caliwood, Garras de Oro y María eran objeto de análisis en facultades de arte, comunicaciones, parques, bares y cantinas.

En la actualidad, en Cali hay titanes como Carlos Moreno, Óscar Ruiz, Darío Polanco, Diego Ramírez, Nancy Fernández, Alina Hleap, William Vega, Maritza y Marcela Rincón, etcétera, etcétera, que mantienen viva esa llama que no dejan extinguir, así el patrocinio sea nulo.

Como dije antes, en otrora el más mínimo detalle que diera motivo para que se dijera el mágico “luces, cámara, acción” se volvía realidad. La creatividad y el talento de nuestros libretistas, actores y realizadores no ha muerto. La falta de presupuesto, sí.

Me estoy imaginando una película de misterio que bien podría titularse El coloso y su deceso silencioso, basada en la vida, obra y muerte de Freddy Rincón, cuya existencia siempre estuvo rodeada de misterio.

Por ejemplo, su trágico accidente a las 4:30 de la madrugada del 11 de abril del año 2022, en el cruce de la calle 5ª con carrera 34 de Cali, fue registrado por la cámara de un edificio que apenas logró captar el impacto del bus alimentador del MIO de placas VCS 364 con la camioneta Ford Escape de placas OGR 410, donde iba Freddy. Y según las malas lenguas, esa cámara y la evidencia… desaparecieron.

Llama la atención que, en ese congestionado cruce del Parque Panamericano o de las Banderas, hay cerca de 12 cámaras dispuestas allí en los postes para controlar los desmanes de los hinchas que salen del estadio. Hay estancos, restaurantes, hoteles y bancos, pero ni las cámaras del municipio ni las de los particulares grabaron el incidente.

Llama la atención que, en ese congestionado cruce del Parque Panamericano o de las Banderas, hay cerca de 12 cámaras dispuestas allí en los postes para controlar los desmanes de los hinchas que salen del estadio. Hay estancos, restaurantes, hoteles y bancos, pero ni las cámaras del municipio ni las de los particulares grabaron el incidente.

Se ve a una persona grabando con su celular y se observa cuando esta es increpada por uno de los ocupantes del vehículo donde iba Freddy. Ese registro también desapareció.

Ni siquiera las cámaras de la discoteca en la que habían estado Freddy y sus amigos registraron quiénes estaban en la mesa, a qué horas ingresaron, qué consumieron y mucho menos a qué horas salieron y quién salió manejando.

En Cali, cuando una bicicleta arrolla a un peatón y simplemente le causa raspones, al minuto llegan dos, tres y hasta cuatro ambulancias hambrientas de cobrar el SOAT, pero para llevar a Freddy no apareció ni una sola. Dicen que lo llevaron en taxi, pero el taxista es un fantasma. Se esfumó. Al igual que se esfumaron las chicas y el morocho que iban en la camioneta al momento del accidente.

En ese único video se ve que las puertas delantera y trasera del lado derecho del vehículo, donde iba el impacto, quedaron apachurradas. El resto, intacto. Sorprende el don de la ubicuidad del entonces fiscal general de la Nación, Francisco Barbosa, quien sin sonrojarse y desde su escritorio en menos de 800 minutos aclaró el incidente, asegurando: “Freddy Rincón iba manejando la camioneta”. Tan raro. Por lógica, debería morir el que estaba de pasajero, recostado en la puerta apachurrada, y no el que estaba en la del conductor.

Y me dicen —a manera de chisme— que Barbosa se emberracó cuando un periodista de la capital le preguntó que si era verdad que quien iba manejando era el negro Juan Larrison Castro, alias Matamba, que era noticia fresca por haberse fugado de la cárcel de La Picota el 18 de marzo del año 2022 y era señalado de ser el cabecilla del bloque ‘Cordillera Sur’ y de ser parte de una red narcotraficante aliada al ‘Clan del Golfo’. O sea, de haber sido Matamba el que iba conduciendo, no llevaba ni un mes prófugo o era buscado con recompensa: se voló el 18 de marzo de 2022 y el accidente de Freddy fue el 11 de abril de 2022.

La llegada a la Clínica Imbanaco fue otro misterio. Nadie vio, ni grabó ni registró el trauma craneoencefálico severo que acabó con la vida del Coloso el 14 de abril. Los medios se cansaron de pedir la que sería la prueba reina, ya que al ver el impacto se habría podido comprobar que, para causarlo, el MIO debió haber atravesado la camioneta de lado a lado, o sea, de puerta a puerta, y no solo hubiera impactado al conductor, sino también al pasajero. Como quien dice, serían dos los muertos.

El cadáver no lo dejaron ver. Las compañeras del accidente, que algunos especulaban que eran familia de Freddy, se volvieron humo, quedaron mudas y hasta dicen que se tuvieron que ir del país. El que iba conduciendo es un enigma. La verdad, eso no me consta ni me desvela, pero si todo lo que le sucedió a Freddy en Cali, en Brasil y en Buenaventura no da para una buena película de misterio, el cine no es mi rollo.

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