
CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA
En el corazón del Pacífico colombiano, comunidades afrodescendientes del río Yurumanguí resisten a la minería ilegal, el desplazamiento y la violencia armada mediante la defensa del territorio, la vida comunitaria y la preservación de sus tradiciones ancestrales. A través de herramientas como el ‘Baúl de la memoria histórica’, un micrositio digital, un pódcast y una galería fotográfica’, el Consejo Comunitario fortalece su identidad, dignifica sus liderazgos y construye un legado colectivo junto a las nuevas generaciones, a quienes llaman renacientes.
Desde la cordillera Occidental hasta su desembocadura en el océano Pacífico, el río Yurumanguí recorre aproximadamente 55 kilómetros, atravesando el Parque Nacional Natural Farallones de Cali y bañando 13 veredas del consejo comunitario que lleva su nombre. Este territorio honra a los indígenas yurumanguíes, primeros habitantes de la región antes de la colonización española.
En sus orillas habita un pueblo afrodescendiente que llegó al Pacífico durante la época colonial en condiciones de esclavitud y que, desde entonces, ha luchado por preservar sus prácticas culturales y su relación armónica con el territorio. La Ley 70 de 1993 y la titulación colectiva de tierras marcaron un hito en la defensa de sus derechos y en la permanencia en el territorio.
Hoy, las azoteas llenas de plantas medicinales y aromáticas adornan las casas de madera; los niños se bañan temprano en el río antes de ir a la escuela; los pescadores regresan con mojarras, bocachicos o sábalos; y las mujeres recolectan piangua en los manglares. La pesca artesanal sigue siendo sustento y símbolo cultural, aunque cada vez más amenazada por el conflicto armado y las economías ilegales.
María Elena Arroyo, integrante de la Asociación Firme Barranco, ha defendido la pesca artesanal y el cuidado del río, incluso en medio de amenazas: asegura que ha sido difícil sostener este oficio debido a restricciones impuestas por actores armados ilegales y a la presión sobre los ecosistemas.
LA COMUNIDAD DECIDIÓ ERRADICAR MANUALMENTE LA COCA, AL IDENTIFICARLA COMO UN FACTOR QUE ATRAÍA VIOLENCIA, RECLUTAMIENTO Y ASESINATO DE LÍDERES.


En el territorio destacan los mentideros, espacios comunitarios construidos en guadua donde se comparten noticias, se transmiten tradiciones orales y se toman decisiones colectivas. Allí se han acordado estrategias para alejar la minería ilegal y los cultivos ilícitos, reconociendo los riesgos que traen consigo.
Precisamente, en 2007 la comunidad decidió erradicar manualmente la coca, al identificarla como un factor que atraía violencia, reclutamiento y asesinato de líderes. Desde entonces, sostienen su mandato: “Soy yurumanguireño de respeto: no siembro ni consumo coca; apoyando la erradicación manual”.
Los mentideros también conservan la memoria del desplazamiento masivo ocurrido entre 2001 y 2003, durante la expansión paramilitar, así como los momentos en que la comunidad dialogó con actores armados para exigir respeto por su territorio.
Así resiste Yurumanguí las amenazas del conflicto…
TEXTOS Y FOTOS: ANGIE SERNA
La cultura sigue siendo un eje de resistencia. En la casa cultural de San Antonio de Yurumanguí, mujeres, hombres y niños se reúnen a cantar currulaos, acompañados por cununos, guasás y tamboras. Allí se exhibe una galería fotográfica que resalta la agrupación musical Matachindé, las fiestas tradicionales —como la Fiesta de los Manacillos en Semana Santa— y el legado de líderes y lideresas del territorio.
En este espacio también reposa el baúl itinerante de la memoria histórica del río Yurumanguí, parte del proceso de reparación simbólica acompañado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, en cumplimiento de una orden judicial de restitución de derechos territoriales.
En 2022 comenzó la construcción de un micrositio que reúne contenidos de memoria histórica, incluido el documental Mi río Yurumanguí y la investigación Buenaventura: un puerto sin comunidad. Este espacio digital contiene cinco secciones que abordan la cultura, el conflicto, el dolor, el renacer y el proceso de memoria acompañado por el CNMH.
Para la comunidad, su resistencia ha sido posible gracias a un tejido social sólido y a la defensa colectiva del territorio. La memoria histórica se expresa en la música, la alimentación, el movimiento, el cuidado y la palabra, y se fortalece trabajando con las nuevas generaciones.
El lema del consejo comunitario resume su convicción: “El territorio es la vida y la vida no se vende: se ama y se defiende”.

No obstante, la falta de presencia estatal y la disputa territorial entre grupos armados continúan afectando la seguridad y movilidad de las comunidades. Según Rutas del Conflicto, la zona ha sido escenario continuo de violencia, incluyendo masacres, desapariciones y desplazamientos forzados.
En octubre de 2024, la comunidad realizó un encuentro de memoria para honrar a líderes asesinados y desaparecidos, recoger relatos para un pódcast comunitario y construir una galería fotográfica de sus liderazgos. También se avanzó en la protección de archivos comunitarios y en un plan de apropiación social de la memoria.
En Yurumanguí, la memoria no es un recuerdo inmóvil, sino una herramienta viva de resistencia, dignidad y arraigo. Como sus lluvias intensas y su río profundo, la memoria fluye cada día, sosteniendo a la comunidad en su defensa del territorio y su derecho a vivir en paz.
