En la mitad del periodo a cumplir como alcaldes de Cali y Buenaventura, los distritos que deberían ser hermanos, la pasan mal con sus gobernantes.
El primero confiado en su soberbia, la segunda en su pasividad. Es decir, Alejandro Éder, en Cali, y Ligia del Carmen Córdoba, en Buenaventura están viviendo la desaprobación de sus conciudadanos.
De otra manera se podría afirmar que a dos años de sus gestiones, los dos, también van perdiendo ante “el cambio” que deberían ser. Sus anuncios o decisiones causan más ruido que buenas noticias para la comunidad en sus territorios. Y eso particularmente se nota cuando sus equipos de comunicaciones han sido renovados en muy poco tiempo, lo que habla de no haber una comunicación asertiva entre el mandatario, los secretarios y quienes orientan la información hacia medios de comunicación y comunidad.
El primero ha contado con cuatro jefes de comunicaciones y la segunda, tres. Los dos limitan su presupuesto, no tienen en cuenta a todos los medios locales y no democratizan la participación de sus secretarios con estos mismos medios.
De igual manera, parte de esta resistencia se ha reflejado en los mismos colaboradores de la administración que pareciera fueran contrarios a los propósitos de sus gobernantes o que el líder espera que sus acciones se reflejen en el encargado para luego decidir si era o no la acción.
Pero en común, estas ciudades hermanas, Cali y Buenaventura, no tienen claridad en su destino a pesar de los propuestas en sus planes de gobierno.
Cali tiene los retos en la seguridad, la movilidad y los servicios públicos.
Buenaventura que estrena presupuesto de 1 BILLÓN DE PESOS aun no expide los recibos del predial y según “Buenaventura cómo vamos” solo recauda $2 de cada $10 que debería.
Los dos distritos tienen resistencia en la percepción ciudadana por sus gestiones. La movilidad en Cali ha causado incluso que se instalen taches donde no deben y que se tengan que levantar en la madrugada, además de sustituir al secretario.
En Buenaventura hasta a la alcaldesa le han aplicado el desacato por no cumplir con algunas regulaciones jurídicas.
El cierre de la vía para ingresar y salir de Buenaventura, en la mayoría por casos ajenos a la infraestructura o movimiento portuario, requiere más atención y gestión de la administración local.
La salsa, expresión popular de los caleños, anda en el ojo del huracán, por un decisión que en vez de mejorar la percepción ha evitado que los propios campaneros espontáneos lleguen hasta allí, donde si se cobran $800 mil por punto de venta, se limita el espacio para el gratuito y se cobra por un salón vip.
Mientras a los originales se les quita el alumbrado público y les hacen operativos para correr lo que siempre fue el comienzo de esta calle, unas frías con amigos al son de la salsa. Ahí en el andén y en una calle que luego de la hora pico, ni motos pasan. Ah sopena que la disculpa es que se va a caer el edificio patrimonio sin que se haga el peritaje profesional y la secretaría de Riesgo tome las medidas de ley.
