EL PRIMER PASO NO TE LLEVA ADONDE QUIERES IR, PERO TE SACA DE DONDE ESTÁS.

Hay ciudades que cambian por una gran obra… Otras, por una crisis… Y hay ciudades que cambian silenciosamente, todos los días, en la manera en que sus ciudadanos deciden moverse.

Eso es lo que hoy está pasando en Cali.

La más reciente Encuesta de Percepción Ciudadana de “Cali Cómo Vamos” revela algo mucho más profundo que una cifra de movilidad. Revela un cambio cultural, social y urbano que debería preocuparnos a todos. Hoy, por primera vez, la motocicleta se convirtió en el principal medio de transporte de los caleños, superando al MIO. La moto alcanzó el 26% de participación, mientras el sistema masivo cayó al 21%.

No es solo un dato: Es un síntoma.

Cali dejó de moverse como una ciudad pensada alrededor del transporte público y comenzó a migrar hacia una lógica cada vez más individual. La gente ya no está tomando decisiones desde el ideal de sostenibilidad urbana. Está tomando decisiones desde la necesidad, la velocidad, la desconfianza y, muchas veces, desde el miedo.

Porque cuando un ciudadano decide endeudarse para comprar una moto no necesariamente está buscando libertad. Muchas veces está buscando llegar a tiempo, buscando escapar de la incertidumbre, sentirse más seguro, o simplemente, está buscando recuperar el control de sus trayectos.

Y eso debería decirnos algo.

La caída del MIO no es solamente operativa. También es emocional. La encuesta muestra que la satisfacción con el sistema cayó 19 puntos frente al año anterior. Mientras tanto, la motocicleta alcanza niveles de satisfacción cercanos al 93%.

La ciudad está votando con las llaves.

Cada moto nueva en las calles es también una señal de lo que muchos ciudadanos sienten frente al transporte público; que ya no responde a sus tiempos, a sus necesidades ni a sus expectativas.

Pero el problema no termina ahí.

El crecimiento de la motocicleta trae consigo una contradicción dolorosa. Mientras más personas la eligen, más vulnerable se vuelve la ciudad. Hoy, cerca del 80% de los siniestrosviales de Cali están relacionados con motocicletas.

Estamos frente a una movilidad más rápida, sí… Pero también más riesgosa.

Y quizá lo más preocupante es lo que está ocurriendo con los modos sostenibles. Caminar cayó al 2%, el nivel más bajo en 20 años, y la bicicleta apenas alcanza el 4%.

Eso significa algo grave: Cali se está alejando de la movilidad humana.

La ciudad donde caminar era parte de la vida cotidiana hoy parece expulsar al peatón. Los andenes deteriorados, la inseguridad, la falta de infraestructura y el caos vial están empujando a las personas hacia vehículos cada vez más individuales. La movilidad dejó de ser una experiencia colectiva y comenzó a convertirse en una supervivencia personal.

Y mientras eso ocurre, otro fenómeno crece a toda velocidad. Las plataformas digitales. Pasaron de 3% al 13% en apenas dos años.

Eso demuestra que los caleños no están esperando a que el sistema se reorganice. Están resolviendo solos.

El problema es que una ciudad donde cada persona resuelve individualmente cómo sobrevivir hace que la movilidad termine siendo más congestionada, más desigual e insegura.

Por eso esta discusión no puede quedarse únicamente en si el MIO mejora o no mejora. La conversación de fondo es mucho más grande: ¿qué tipo de ciudad quiere ser Cali?

Porque las ciudades no solo se construyen con puentes o vías. También se construyen con confianza. Y cuando las personas dejan de confiar en el transporte público, dejan de confiar en la posibilidad de compartir la ciudad.

Tal vez la verdadera alerta de esta encuesta no sea que las motos superaron al MIO.

Tal vez la verdadera alerta es que Cali comenzó a moverse pensando cada vez menos en lo colectivo y cada vez más en cómo salvarse sola.

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