En Cali algo anda mal, muy mal. Y no es culpa de Éder, ni de Petro. La culpa recae en los ciudadanos que nos dejamos polarizar, que hablamos mal del gobierno de turno, del candidato de la izquierda, del de la derecha y de aquel que piensa diferente.
Es tal la desfachatez de algunos, que sin conocer a fondo las problemáticas de ciudad, pontifican como si tuvieran la última palabra. Lo noté cuando un personaje de marras -que nada bueno le ha aportado a la ciudad- aseguró que el alcalde Alejandro Éder no ha hecho nada en Cali.
Y me pregunté: ¿Nada? Cómo se ve que sus apreciaciones son movidas por el odio. Me tomé el trabajo de enviarle un resumen de las vías recuperadas por la secretaría de Infraestructura. Lo invité a rodar por la Avenida Vásquez Cobo, por la calle novena, que viera cómo va la Avenida Ciudad de Cali, la carrera 80, la Avenida Cañasgordas, que fuera por El Aguacatal, por la Avenida Belalcázar, por barrios como Ciudad Córdoba, Los Cámbulos, Caldas, El Obrero, Buenos Aires, Camino Real, San Fernando, Marroquín II, Ciudad Jardín, Los Pinos, Pance, Isaías Duarte, Antonio Nariño y otros más.
Lo reté a que contara cuántos frentes de obra y cuántas cuadrillas se mueven en la ciudad de día y de noche, entre semana y festivos; que me dijera si se había tomado el trabajo de ir a corregimientos como Los Andes, Pichindé, La Leonera, Felidia y El Saladito, o si sabía que ya fue licitada la Vuelta a Occidente. ¿Saben qué me dijo el muy cretino? “Yo no estoy desocupado para ir por allá. Eso debe ser de Merchán”… donde lo hubiera tenido cerquita, lo estrangulo.
Para que le ardiera más, le anexé los listados con la recuperación, adecuación y construcción de las 18 sedes educativas urbanas y 4 rurales, como el Colegio Santa Cecilia, el Santa Librada, la Institución Educativa Oficial (IEO) Evaristo García en su sede Fernando Aragón, la IEO Agustín Nieto Caballero, sede principal, la IEO Cristóbal Colón sede Bienestar Social, la IEO Libardo Madrid Valderrama en su sede principal y en la Pablo Neruda, la IEO El Diamante, sede principal y la IEO Eustaquio Palacios, sede General Anzoátegui, además del programa Mi Cali Beca.
Lo mismo de lo que se está haciendo en las cinco ESE de la red de salud, en los servicios de urgencias en el Hospital Cañaveralejo, las IPS Ulpiano Lloreda, Golondrinas, El Vallado y Polvorines, Unión de Vivienda, Joaquín Paz Borrero, la sala neonatal del Carlos Holmes, el hospital de cáncer de mama, el de Terrón Colorado, el de Antonio Nariño y las cabinas de lactancia en las estaciones del MIO, como para dejarlo mamando.
Como lo conozco, sabía que iba a sacar en cara el tema de la seguridad. Por ello le comenté que ese fenómeno se viene presentando en Cali hace más de 20 años por ser una ciudad que acoge a todo tipo de personajes, dada su ubicación estratégica.
Por estar cerca de un puerto, de departamentos y de ciudades que viven en zona roja, en la capital vallecaucana se concentran los negocios chuecos, de allí que la mayoría de los hechos están relacionados con homicidios sicariales, ajustes de cuentas y disputas por control territorial entre esas estructuras criminales, que no son caleñas, pero operan en Cali, delinquen, se van y vuelven, pero la mala imagen se queda aquí.
Los esfuerzos que hace la Administración para combatir este flagelo son muchos. A la fuerza pública se le dan dotaciones vehiculares para reforzar los patrullajes, desplazarse con rapidez y mejorar la atención de las emergencias, se dota con drones, se moderniza la infraestructura y se hacen operativos para desarticular bandas criminales. Eso no es suficiente, porque el problema está desbordado y es allí donde aprovechan los detractores para hacer ver a Cali como la peor ciudad del mundo, la más insegura. Le dañan la imagen a la ciudad, no al alcalde de turno.
Son felices echándole sal a la herida, así sepan que eso se les viene en contra. Lo único que les importa es que la ciudadanía piense que estamos frente a la peor Administración de los últimos tiempos. Lo paradójico, es que eso mismo decían de los mandatos anteriores. Y atacaban los mismos frentes: seguridad, movilidad y desempleo. Llevamos más de 20 años como corcho en remolino, lo que indica que el problema somos nosotros, los que vivimos en Cali y no de quienes la dirigen.
Para muchos caleños como que no es importante la peatonalización del centro, la recuperación de los espacios y sitios emblemáticos, la adecuación de más de 100 polideportivos, los subsidios de vivienda social, el reforzamiento de los comedores comunitarios y escolares, la construcción de casas de justicia y casa Matria, las nuevas fuentes de empleo y las oportunidades para jóvenes, por solo nombrar algunas de las acciones que ejecuta día a día la Alcaldía.
Aquí lo único que importa como que es lo que digan las redes antisociales, lo que despotriquen los expertos en destruir y no en construir, los que le dañan la reputación a un funcionario por una simple sospecha o los que se recurren a los medios de comunicación para que se vuelvan cajas de resonancia de sus nefastos propósitos, porque saben que desafortunadamente hoy en día, en Colombia, se venden más periodistas que periódicos.
