¡Ah, tiempos aquellos cuando nuestras manos quedaban negras de ojear y hojear el periódico en la mañana!
A los que trabajábamos en un medio impreso nos hacía falta el olor a papel y tinta que expelían las rotativas, la gritería de los voceros anunciando titulares y las ‘chivas’ que había sacado el periódico de la competencia, porque en aquel entonces sí se hacía reportería, se iba a la fuente, se confrontaba y se escribía la nota ceñida a la verdad.
El viejo periódico informaba y era útil. Bastaba ir a la sección deseada para encontrar las últimas de la política, la vanidoteca de la página social, la cartelera de cine y espectáculos en general, los clasificados debidamente ordenados, los obituarios, los crucigramas, jeroglíficos y muchos entretenimientos más.
Con el auge del internet todo eso pasó a un segundo plano. La información ahora es un titular o un audio con una foto del celular que se rueda por todas las plataformas: WhatsApp, Instagram, Twitter o X, Facebook, Threads, Gmail, Outlook, YouTube, Blogs, Vlogs, Snapchat, entre otras muchas. Nos gana el facilismo y tenemos que adaptarnos a él para no perder vigencia.
Y aunque no ha desaparecido del todo, el periódico sigue siendo el medio de comunicación impreso predilecto por los buenos lectores para informarse, formar opinión y entretenerse con una buena crónica o un artículo bien redactado. Emociona y da esperanzas el saber que en Cali el periódico Q’hubo volverá a circular, que el ADN y el Publimetro no dan su brazo a torcer y hasta incentivan a Occidente para que no se les quede atrás. Otros, como Porteño, se nota; Radar, La Razón y similares, a veces se animan a sacar el impreso.
Ese esfuerzo hace que la gente del común no olvide que un periódico, más que para leer noticias y entretenerse, sirve para limpiar vidrios y espejos, cubrir los pisos cuando se va a pintar, envolver la cristalería en los trasteos, guardar las figuras navideñas, ensanchar los zapatos, madurar los aguacates, calentarse en invierno, poner de fondo en las jaulas, rellenar carteras, etcétera, etcétera.
En verdad, a los viejitos nos da nostalgia no encontrar debajo de la puerta el diario que nos llegaba a las 5:00 de la mañana. Ese mismo que los domingos, de lo grueso que era, no cabía por la ranura.
Como dice la canción de Héctor Lavoe: “Todo tiene su final”. Dios quiera que el periódico, sea en el formato que sea (universal, tabloide) siga circulando y que esas plumas geniales que aún están presentes en nuestra ciudad nos sigan deleitando con sus ocurrencias, anécdotas, historias o noticias escritas con objetividad y responsabilidad. Feliz día a todos los colegas.
